La Marina de València acoge este domingo 20 de septiembre una jornada en la que la paella vuelve a reunir a cocineros de varios continentes alrededor de un producto ligado al territorio valenciano. La final del World Paella Day se celebra en la plaza del Agua, junto al Tinglado 2. La programación anunciada por el Ayuntamiento se extiende de las 10:00 a las 17:00 y combina el concurso internacional con paellas populares. Es una cita abierta al público, aunque las raciones previstas para la tarde se venden a seis euros.

Doce participantes cocinarán en cuatro tandas, con tres chefs por turno. La organización prevé comenzar a las 10:15, terminar los cocinados alrededor de las 13:00 y anunciar el resultado a las 13:30, una vez que el jurado pruebe las elaboraciones. Estos son horarios de programa, no una crónica de lo que ya haya ocurrido. Quien vaya a La Marina debe contar con que las actividades de una jornada al aire libre pueden ajustarse sobre el terreno.

La procedencia de los concursantes muestra el alcance del certamen: Uruguay, Brasil, México, Rumanía, Francia, Suiza, Dinamarca, Japón, Bulgaria, Ecuador, Colombia y Reino Unido. La selección llega después de pruebas clasificatorias celebradas desde marzo en distintos países. No se trata de que una receta extranjera sustituya a la valenciana. El interés de la final está en ver cómo cocineros con trayectorias distintas se acercan a un plato que nació aquí y que hace tiempo dejó de ser desconocido fuera de España.

El arroz como punto de partida

La paella permite hablar de cocina, pero también de agricultura y paisaje. El arroz cultivado en el entorno de l'Albufera conecta el plato con el agua, los campos y los trabajos que sostienen su producción. En el acto de presentación participaron representantes de la Denominación de Origen Arroz de València, junto a instituciones turísticas. Esa presencia recuerda que el ingrediente no es un detalle decorativo de la foto. La variedad, la absorción del caldo y el punto de cocción condicionan el resultado de cada paella.

La competición tampoco agota la jornada. La organización ha anunciado raciones populares desde las 14:00. Esta segunda parte cambia el papel del visitante: pasa de observar una preparación evaluada por un jurado a sentarse a comer. Quien quiera acudir únicamente a probar una ración puede orientarse por ese horario, mientras que la mañana interesa más a quienes desean seguir el proceso de cocinado. El precio anunciado es de seis euros por ración, de acuerdo con el programa municipal.

La plaza del Agua es un escenario que enlaza el frente marítimo con una celebración gastronómica muy valenciana. Ese marco ayuda a que la cita sea visible, pero no debe confundirse con el origen rural de la paella. Entender el plato exige mirar más allá de la final: el cultivo del arroz, la disponibilidad estacional de los productos y la costumbre de cocinar y compartir en grupo. Las versiones presentadas en un concurso internacional forman parte de una conversación actual sobre esa tradición, no de una lista definitiva de ingredientes para todas las casas.

Una final internacional sin perder el lugar

La campaña de esta edición insiste en que un plato conocido mundialmente se versiona de muchas maneras. Hay espacio para apreciar esas interpretaciones y, a la vez, señalar dónde se desarrolló la receta. De hecho, el encuentro se presenta como una forma de dar a conocer los productos de proximidad y la cultura gastronómica valenciana. Es importante no reducir esa cultura a una imagen de promoción: detrás hay agricultores, mercados, cocinas familiares y restaurantes con prácticas muy distintas.

Para una persona que visita la jornada por primera vez, el formato de cuatro tandas facilita seguir el concurso sin pasar toda la mañana en un solo punto. El jurado puede valorar las paellas cuando terminan, en vez de esperar a que las doce estén listas a la vez. El programa deja después margen para la comida popular. No consta en la convocatoria un ganador previo, ni sería correcto anticiparlo por la reputación de alguno de los participantes.

La jornada tiene también un valor de encuentro. Una mesa compartida permite conversar sobre por qué el mismo plato genera interpretaciones y debates tan intensos. A veces la discusión sobre la autenticidad tapa lo que se ve en el fuego: tiempo, técnica, producto y atención a las personas que comerán. La final ofrece una oportunidad para observar ese trabajo de cerca y para volver a situar València en el centro de la historia de la paella sin negar que hoy despierta curiosidad en otros lugares.

El dato práctico queda claro: hoy domingo, plaza del Agua de La Marina, cocina en directo desde la mañana y paellas populares desde las 14:00 según el programa anunciado. El resultado del concurso deberá conocerse después de la cata. Hasta entonces, lo verificable es la convocatoria y el recorrido de los doce chefs que han llegado a València.