La recuperación de la Devesa de El Saler empieza por una pregunta técnica: dónde conviene intervenir y dónde es mejor dejar que el ecosistema se regenere. Generalitat y Ayuntamiento de València han anunciado una primera fase de trabajos tras el incendio, con una inversión autonómica de 150.000 euros. La cantidad se refiere a esa fase inicial, no al coste final de toda la restauración. El plan combina medidas de seguridad, retirada de elementos peligrosos y protección de zonas sensibles con un diagnóstico del daño ecológico.

El Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo ha elaborado un informe de severidad para precisar el alcance de la afección. Según el balance presentado por la Generalitat el 24 de septiembre, el mayor daño se concentra en determinadas masas de pinar. En cambio, el matorral mediterráneo y la vegetación del sistema dunar conservan una capacidad importante de regeneración natural. Esta diferencia es esencial: hablar del área afectada como si cada metro hubiera sufrido el mismo daño conduciría a soluciones demasiado uniformes.

Seguridad inmediata y recuperación lenta

La primera fase incluye retirar árboles quemados con riesgo de caída, mejorar el tránsito por pistas y caminos forestales, delimitar sectores sensibles, reponer elementos de seguridad y gestionar restos vegetales y residuos. Son actuaciones visibles y necesarias para reducir peligros, pero no reconstruyen por sí solas un ecosistema. La vegetación, el suelo y la fauna siguen procesos de recuperación más largos que el calendario de una obra de emergencia.

La administración señala que el riesgo de erosión detectado es reducido y que algunas especies muestran ya signos de recuperación. Estos datos invitan a evitar una respuesta automática de plantar en todas partes. En ciertos espacios, remover el suelo o introducir maquinaria puede causar más alteración que esperar y vigilar la evolución natural. En otros, retirar un árbol inestable o proteger una zona expuesta será imprescindible. El informe de severidad debe ayudar a decidir con esa escala fina.

La Devesa une pinar, matorral y dunas en un entorno especialmente valioso junto a l'Albufera. Su recuperación no se mide solo por volver a ver verde en una fotografía. Importa la estructura de la vegetación, la continuidad de los hábitats y la capacidad de resistir futuros episodios de calor o fuego. El propio Gobierno valenciano plantea adaptar las intervenciones a las características de cada zona. Esa cautela tiene sentido en un lugar donde un camino, una duna y una masa de pinos cumplen funciones distintas.

Dos administraciones, tareas que deben encajar

La inversión anunciada corresponde a la Generalitat y el Ayuntamiento participa en la coordinación. Desde el consistorio se ha hablado de limpieza y de fases posteriores de cortafuegos húmedos. Son líneas de trabajo diferentes que tendrán que planificarse para no entorpecer la restauración ecológica. Una medida de prevención puede ser necesaria, pero debe evaluarse junto al impacto que produce sobre los valores naturales que se pretende proteger.

También hay una dimensión de uso público. Los caminos y accesos de la Devesa forman parte de la experiencia cotidiana de vecinos y visitantes. Delimitar una zona sensible o restringir un paso puede resultar incómodo, aunque facilite que la vegetación se recupere o evite accidentes por arbolado dañado. Para que esas decisiones se entiendan, será útil explicar dónde se actúa y cuánto tiempo se mantendrá cada limitación. El anuncio de una inversión global no sustituye esa información a escala de sendero.

Las autoridades han atribuido el incendio a una acción intencionada y mantienen actuaciones para esclarecerlo. La investigación de responsabilidades y la recuperación del paraje avanzan por vías distintas. Aunque se conozca el origen del fuego, sigue haciendo falta medir el daño, asegurar el entorno y observar cómo responde la vegetación. Tampoco debe confundirse una señal temprana de rebrote con una restauración completa.

El final de septiembre encuentra, por tanto, a El Saler en una fase de diagnóstico y primeros trabajos. Los 150.000 euros ofrecen un punto de partida para la intervención de emergencia; el informe de severidad aporta una guía para no tratar igual zonas diferentes. Las próximas comprobaciones deberán mostrar qué actuaciones se ejecutan, en qué espacios y cómo evoluciona la Devesa con el paso de las estaciones. También será importante observar si los accesos reabiertos soportan el uso sin dañar las áreas que todavía están recuperándose. Recuperar un paisaje vivo exige seguir ese proceso, no darlo por terminado con el primer anuncio.